1. Como cada miércoles


    Fecha: 22/03/2025, Categorías: Gays Autor: ShatteredGlassW, Fuente: CuentoRelatos

    ... Simón avanzó, obligándole a retroceder de rodillas hasta quedar pegado a la pared. Su vecino apoyó una de las manos en el cemento mientras la otra guiaba su cabeza para que no se separase. Forcejeando aún con sus vaqueros Alejandro acarició los testículos de Simón, que empezaban a colgar a causa de la edad, viendo su tamaño ligeramente agrandado. Por fin consiguió soltar el botón y bajar la maldita cremallera, dejando espacio suficiente a su erección que creció dentro de los ceñidos bóxers. Simón tiró de su cabello, obligándole a levantarse y abandonar su fantástico pene.
    
    Tras un beso rápido Alejandro se dio la media vuelta, apoyando ambas manos en el hormigón y ofreciéndose a su vecino quien no dudó en bajarle el bóxer de un rápido tirón. Del bolsillo de su chaqueta sacó un preservativo y tras rasgar el fino envoltorio azul se le deslizó en el pene con un movimiento ágil, ensayado cientos de veces. Alejandro gimió con anticipación y chupó dos de sus dedos, usándoles para lubricar ligeramente su orificio y que pudiese acoger a su amigo en cuanto este estuviese listo. Simón terminó de acomodar el preservativo y separando las nalgas del más joven presionó su glande contra el ano de Alejandro.
    
    Aunque era imposible que cualquier vecino los escuchase, ni siquiera si alguien bajaba a la cochera, Simón tapó la boca de su vecino con la mano antes de empujar, deslizándose con esfuerzo dentro de Alejandro. El hombre más joven apretó con fuerza los labios, esforzándose por no ...
    ... gemir mientras procuraba relajarse. Sabía que era el tiempo quien mandaba y si no querían ser descubiertos debían acelerar, pero eso no hacía más sencillo los primeros momentos, cuando el duro pene de su vecino se abría camino a través de su esfínter, aún cerrado y estrecho.
    
    Simón empezó a acelerar sus empujones, moviendo las caderas una y otra vez y pegando más y más a su vecino contra la pared. Colando la mano libre entre sus cuerpos aferró el pene de Alejandro y le acarició con rapidez, al mismo ritmo al que impulsaba su pelvis adelante y atrás. En el desierto pasillo resonaba el entrechocar de sus cuerpos, un frenético golpeteo in crescendo que subía y subía su intensidad mientras los gemidos y jadeos empezaban a escapar de sus bocas. Los empujones de Simón eran cada vez más duros y su mano se movía una y otra vez, ascendiendo por toda la longitud de Alejandro, aprovechándose del líquido preseminal que soltaba para lubricar su mano.
    
    Con un gemido que se amortiguó contra la palma de su vecino, Alejandro alcanzó el orgasmo. Oleadas de apresurado placer recorrieron su cuerpo mientras su vecino tiraba de su pene y se apretaba más contra su cuerpo, ligeramente sudado. Con dos fuertes empujones terminó también, gimiendo contra su cuello y procurando no soltarle hasta que los escalofríos, fruto del orgasmo, remitieron por fin. En seguida se separó del más joven y se apresuró a recolocarse la ropa. En tan solo cinco minutos estaba perfectamente compuesto, listo para salir como ...