1. El come coños


    Fecha: 10/09/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos

    José era un agricultor de sesenta y cinco años, de estatura mediana y no era feo. Ese año no tenía quien le comprara sus veinte pipas de vino y su cosecha había sido muy mala. Lo estaba pasando fatal.
    
    Un día que estaba José mirando la sección de anuncios de un conocido periódico en la taberna del pueblo, taberna en la que le fiaban, cuando le vino la idea a la cabeza.
    
    Dos días después salía un nuevo anuncio en ese periódico que decía: "Hombre de sesenta y cinco años, ni feo ni guapo, ni alto ni bajo, ni gordo ni delgado se ofrece para comer el coño a mujeres de todas las edades. Cincuenta euros el orgasmo, incluye comida de tetas y de culo. Me desplazo por toda la provincia"
    
    El anuncio tenía un número de teléfono.
    
    Esa tarde estaba José sentado en un viejo sofá mirando la televisión cuando sonó el teléfono, lo cogió y una voz femenina con acento inglés, le dijo:
    
    -¿Eres el come coños?
    
    No esperaba que lo llamara así, pero cómo si le llamaba come culos. Le respondió.
    
    -Para servirte. ¿Desde dónde me hablas?
    
    -Eso no importa. ¿Atiendes en tu casa?
    
    -Atiendo.
    
    José le dio la dirección y una hora más tarde llamaron a la puerta de su casa. Fue a abrir y se llevó una sorpresa descomunal. Se encontró con una mujer de unos treinta años, alta, rubia, de ojos azules, cubierta con un abrigo de visón y con un bolso en la mano derecha, que había llegado en un Jaguar, y que le preguntó:
    
    -¿Eres el come coños?
    
    -El mismo que viste y calza, pasa.
    
    La mujer ...
    ... entró en la casa, echó un vistazo alrededor, y quitando el abrigo, le dijo:
    
    -A confortable place. (Un lugar confortable.)
    
    La rubia llevaba puesta una falda negra, una chaqueta del mismo color, una blusa blanca y calzaba unas botas de mosquetero con tremendos tacones. Tenía más pinta de puta que de mujer adinerada. Sentándose en un sofá, cruzo las piernas, se echó hacia atrás y le preguntó:
    
    -¿No tienes nada de beber, darling?
    
    José necesitaba el dinero, pero cómo no sabía lo que le llamara, le dijo:
    
    -Vamos a llevarnos bien. Habla en cristiano. ¿Estamos?
    
    -De acuerdo. ¿Qué me dices del vino? Tengo la garganta seca y tanta sed que me bebería un galón de un trago. ¿Tienes?
    
    -Tengo blanco y tinto en la bodega
    
    -Esa marca no me suena.
    
    -¿Sabes qué es una pipa?
    
    -Claro, sirve para fumar.
    
    José le dijo:
    
    -Sígueme, rubia.
    
    -Jennifer, me llamo Jennifer.
    
    -Yo me llamo José, sígueme.
    
    Al entrar en la bodega, mirando para las pipas, le dijo José:
    
    -Esas veinte grandes son las pipas.
    
    Al ver tanta cantidad de cubas y barriles, Jennifer, exclamó:
    
    -¡This is paradise!
    
    José se volvió a mosquear.
    
    -¡¿Qué es qué?!
    
    -El paraíso del vino. ¡Y qué bien huele!
    
    José le preguntó:
    
    -¿Quieres el vino blanco o tinto?
    
    -Blanco primero y tinto después.
    
    -La vas a pillar buena.
    
    Sobre dos barriles había dos tazas de barro. José cogió una, la llenó de vino tinto y se la dio. Jennifer echó un sorbo, lo saboreó y después se mandó el resto de una sentada, y ...
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