1. Rubelo


    Fecha: 26/06/2017, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Havelass, Fuente: CuentoRelatos

    Llueve. Oigo el repiqueteo de las gotas de agua golpeando la persiana echada. El cuarto está en penumbra; la escasa claridad de esta mañana se vislumbra como una luz detrás de una pantalla casi opaca. Huelo la diferencia. Doblo la cabeza sobre la almohada. Veo el rostro de Rubén. Bah, dice que le gustan mis pies, ¡mis pies! Sí, y bien que anoche se chupó cada uno de mis dedos: se hartó; después pasó a mi coño. Ayer se me ocurrió salir en chanclas a tomar café al bar de la esquina; él estaba allí; se fijó en mis pies. Ah, tengo ganas, sí. Le haré una mamada.
    
    Retiro poco a poco la manta que cubre el cuerpo de Rubén. Primero besuqueo su torso peludo, sus suaves pezoncitos; luego paso a meter la lengua en su ombligo; por último, tras oír su amortiguado resuello, tomo su polla en una mano y me la meto en la boca.
    
    Hum, está blandita todavía, ya la iré haciendo crecer, hum, me gusta sentir como se endurece, poco a poco.
    
    La saco de mi boca unos instantes para lamer bien su frenillo, su prepucio, su glande, y comienzo a cabecear con constancia sobre el hinchado pene. Oigo la voz somnolienta de Rubén, como si estuviera debajo del agua: "Sigue... así, Sonia, oh, me corro, oh, me co-rro, ooh."
    
    Terminamos. Le he dicho a Rubén que debe huir, lejos.
    
    El día anterior tuve una inesperada visita...
    
    Sonó el timbre de la puerta. Fui a abrir. "Buenos días", me dijo uno de los dos hombres que aparecieron en el descansillo, el más mayor, alto, barbudo, gordo y peludo: "Buenos ...
    ... días", dije sonriente; "Verá, su nombre es Sonia Leta, ¿verdad?", preguntó el otro, más bajito y musculoso; "Verdad", dije; "Somos agentes de paisano", dijo el barbudo, "policías, vamos", mostraron sus placas, "estamos buscando a Rubén Nilo, ¿sabe usted donde puede estar?" Un leve escalofrío me recorrió la espalda, pero disimulé cerrando las solapas de la rebeca que llevaba puesta. "No", respondí secamente; "Pero, lo conoce", dijo acusador el musculoso; "Sí, es vecino, sí, hemos hablado en varias ocasiones", dije. Ellos se miraron cómplices, luego me miraron a mí: "Señora... Sonia, ¿nos ocultas algo?"; "No", aseguré con énfasis adelantando la cabeza, "¿quieren pasar y hablamos más cómodos?", invité. Ellos aceptaron.
    
    Me hicieron preguntas y más preguntas, pero, claro, yo desconocía qué clase de historial era el de Rubén. Me despojé de la rebeca al final del interrogatorio: tenía calor; dejando al descubierto mi palabra de honor escotado. Eso a ellos no los dejó indiferentes, ya que mis redondos pechos, sin sujeción alguna, resaltaban sobremanera. "Sonia, ahora queremos saber qué hacía Rubén en tu casa la tarde del dieciséis de septiembre". Esta fue su penúltima pregunta. "Es algo muy personal", respondí; "¿Nos lo puede explicar?". Esta fue la última.
    
    Los tres desnudos en mi cama. Yo, a gatas sobre el colchón, tragaba la polla del gordo barbudo mientras el bajito musculoso me penetraba duro el chocho desde atrás. Todo sucedió de pronto. Me hicieron la pregunta, ¡quería que les ...
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